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Primavera 2004 |
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LA REGIÓN DE CASCADIA: ¿HOMOGENEIDAD AMBIENTAL? Para Alan Artibise la región de Cascadia es vista como tres círculos concéntricos que se expanden hacia el este de la costa Pacífico, y el área comprende a Columbia Británica y Alberta, que son las provincias canadienses, así como los estados de Washington, Oregon, Idaho, Montana y Alaska, que corresponden a Estados Unidos. El nombre de Cascadia proviene de las caídas de agua y ríos que llegan de las montañas cerca del mar. Estas grandiosas montañas son un referente cultural de la región por su espectacular belleza natural y son también fuente de conciencia ambiental, un paisaje que implica un estilo de vida que allí se ha impuesto. Esta área, aunque extensa y separada, se organiza y reconoce desde 1991 como la Región Económica del Noroeste Pacífico, o también como el Proyecto Cascadia, que nace de la reunión de Río en 1992, programa que se ha convertido gradualmente en un plan estratégico de desarrollo ambiental y de planeación urbana de la región. Artisbe (1998) Alper (1996).[7] En los últimos años, los negocios e inversiones han proliferado en la región de Cascadia, convirtiéndola en la décima economía más poderosa del mundo. La producción de los cinco estados y las dos provincias rebasa los 250 mil millones de dólares anuales y el comercio entre provincias abarca el 60% del total que se comercia con Estados Unidos. La región emplea más de ocho millones de personas, y el empleo ha aumentado en un 20% en la última década. Es el sitio mundial más importante de la industria aeroespacial. La zona ocupa el tercer lugar mundial como centro de desarrollo computacional con más de mil industrias, así como empresas dedicadas a la tecnología y biotecnología. El sector turismo es un importante generador de divisas, con casi veinte mil millones de dólares anuales. Schell et al. (1995: 142). Esta zona conjuga una relación directa entre canadienses y estadounidenses. En la lógica del proceso económico de la globalización, ambos comparten la importancia de una visión común a futuro; los dos países están dispuestos a formar alianzas estratégicas en un desarrollo compartido, y un factor adicional es que comparten una cultura muy similar, lo cual facilita objetivos y metas comunes a largo plazo. Alpert (1997). La conjunción de estos aspectos puede ser un referente para explicar el auge de la región y también su cuidado ambiental. El medio natural es la característica más inminente que comparte la región de Cascadia. El movimiento eco-cultural posee más de una década y percibe a la región como una gran extensión de tierra. “Cascadia se yergue en dos pilares; una integridad natural (agua, océanos, flora, fauna y ecosistemas compartidos) y una unidad socio-cultural (culturas nativas y una historia y destino compartidos). Cascadia es uno de los más nuevos y diversos lugares de la Tierra”. McCloskey (2000). El Proyecto Cascadia representa la coalición de gobiernos, organizaciones empresariales, asociaciones de negocios y ONG, localizadas en las tres jurisdicciones, dedicadas al desarrollo transfronterizo para favorecer estrategias de sustentabilidad en las diversas comunidades, estudiar los fenómenos de movilidad fronteriza y mejorar el transporte regional, así como promover el comercio y el turismo. También, Pacific Corridor Enterprise Council ha creado una red de empresas binacionales que promueven y fomentan negocios en la frontera común, abarcan desde inversiones comerciales hasta el fomento al turismo. Además, existen nuevas organizaciones ambientales, comunales, de vecinos y consumidores, a lo largo de la frontera compartida, que promueven la ideología y posición política del cuidado a la biorregión. El movimiento biorregional va a ocupar uno de los sitios más importantes en la zona; esta postura ambiental y política asienta la necesidad del cuidado a la naturaleza, el paisaje y la vida salvaje en una armonía y equilibrio permanente con las actividades humanas. La naturaleza es el eje de análisis, su cuidado y protección se vuelven el centro de decisiones de las políticas de desarrollo. La visión compartida entre estadounidenses y canadienses que habitan la región asigna a la naturaleza un nuevo papel, que llega a extremos de definirla como una diosa intocable e inmaculada. El biorregionalismo es una doctrina racionalista, donde las regiones son definidas por las barreras naturales de vegetación, clima o cuidado del agua. Es el culto al sitio, al lugar. Así, se promueve una ciudadanía ecológica en la cual los individuos aprenden a respetar la zona ecológica y tener un estilo de vida «verde». Los habitantes de Cascadia favorecen una visión común a futuro, están de acuerdo en la necesidad de las alianzas estratégicas y mantienen ciertos rasgos de una cultura compartida. El cuidado del salmón, la flora, los osos y el agua se convierte en la clave que une a las economías. «Las personas deben saber qué tipo de ecosistema habitan y verse a sí mismos como parte de él, una ciudadanía ecológica que traspasa fronteras, en la cual los individuos aprenden a ser respetuosos del sitio ecológico. Esta nueva ciudadanía implica estar consciente de la importancia de los ecosistemas como soportes de vida y de la gran vulnerabilidad que su deterioro representa.» Dryzek (1997: 160). Esta visión ha sido ampliamente criticada por los que favorecen el libre comercio.[8] Para esta postura es necesario el cuidado ambiental en el marco del desarrollo económico, se trata de seguir creciendo sin descuidar el medio ambiente. Impulsar las inversiones, favorecer los valores ambientales sin dejar de lado las posibilidades que ofrece el auge económico de la región y su potencial geopolítico. Sin embargo, existen opiniones que ven al medio ambiente como un escollo del crecimiento económico. Son precisamente los extremos del biorregionalismo y el free trade los que hoy mantienen en jaque el futuro de la región. Frente a la violencia visual y natural de la frontera México-Estados Unidos este paisaje sería la otra cara de la moneda, donde la abundancia de recursos, la garantía de respeto a las legislaciones, la cultura política, los modelos de desarrollo adoptados y la alta tecnología han redituado en el cuidado y la protección de la naturaleza. Orientando políticas de privilegio al cuidado ambiental y de homogeneidad entre desarrollo y medio ambiente. La visión de biorregión coloca a Cascadia en el extremo ideal, de compromiso hacia y para con la naturaleza. «La región homogénea se determina por agrupación de unidades contiguas con características relativamente similares. La variación o dispersión dentro de las regiones es muy pequeña.» Flores González (1994: 4-5). Cascadia es ejemplo del desarrollo regional en el ámbito de la globalización; una economía que se ha diversificado hacia diversos rubros de exportación, como: tecnología software, industrias culturales, turismo, productos industriales y aero/espaciales, alta tecnología, manufacturas, defensa, transporte y biotecnología; con la prioridad puesta en el medio ambiente. La prosperidad es un plan estratégico que implica cooperación, estabilidad, innovación, eficiencia y cuidado. “Cascadia está organizada bajo el contexto de una nueva realidad impulsada por el nuevo siglo: fronteras abiertas, libre comercio, cooperación regional y la transferencia instantánea de información, dinero y tecnología”. Schell y et al. (1995: 155). Pero no todo es miel sobre hojuelas. La visión ideal del biorregionalismo implica una ecotopía ampliamente criticada en círculos científicos y políticos.[9] Este discurso ha dado lugar a una fuerte e intensa discusión entre varios grupos ambientalistas que analizan el futuro de la región de Cascadia. Algunos defienden el crecimiento y auge económico; otros creen en la imperiosa necesidad de mantener la biorregión. Las antipatías entre biorregionalistas y los free trade ponen en tela de juicio los conceptos de desarrollo y sustentabilidad.[10] Mientras los primeros hablan exclusivamente del medio ambiente como lugar sagrado, una ala de los segundos plantea la posibilidad del crecimiento sustentable. La fuerza de estos dos grupos tendrá que analizarse en las próximas decisiones políticas y económicas que se tomen, pues serán el catalizador que mantendrá o debilitará las condiciones ambientales de la región. Parsons (2000: 28). Un asunto adicional, es la carencia de nuevas instituciones ambientales binacionales. Desde la firma del Tratado Trilateral de Libre Comercio, existen serias disputas comerciales que han provocado asperezas entre Canadá y Estados Unidos (atún, salmón, arenque, langostas, leche, industria forestal, celulosa, cerveza, petróleo y PBC). Las disputas comerciales se han exacerbado porque cada país tiene su propio sistema político, especialmente el peso que juegan las provincias y los estados en cada uno de ellos. “El actual proceso político en donde los intereses de los productores domésticos y las perspectivas de los grupos ambientalistas no coinciden son un factor más de pugna de intereses, aun en las tranquilas aguas de la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá”. Vogel (1997: 286). Un factor adicional ha sido el impulso, desde Canadá, a una cultura nacionalista que trata de establecer distinciones culturales frente a los estadounidenses en defensa de su identidad, provocando ásperas críticas al proceso de integración. Aun cuando estos escollos deterioran la relación bilateral entre Canadá y Estados Unidos, en términos generales es una integración más homogénea y regular la que se presenta en esta región. Unidades muy parecidas van a compartir las mismas condiciones, fomentar estándares comunes, legislaciones afines, así como el cuidado y la protección del ambiente. El cuidado ambiental en esta región juega un papel fundamental como eje de nuevas identidades colectivas, de proyectos donde está en juego la puesta en práctica de la sustentabilidad y la posibilidad de concretar una nueva cosmogonía basada en valores ambientales. CONCLUSIONES Comparar dos casos fronterizos, dos regiones que por diversas circunstancias físicas, biológicas, productivas, históricas y culturales adoptan un manejo de recursos naturales diferente, es un asunto complejo. Canadá y México han adoptado procesos productivos distintos, que han orientado sus decisiones en política ambiental. Estos elementos permiten elaborar un análisis comparativo donde el concepto de región ambiental sirve de enlace para poder establecer el deterioro o cuidado ambiental de las dos zonas fronterizas. Si en primera instancia apuntamos la necesidad de que el concepto de región ambiental pudiera servir para establecer niveles de desarrollo social, es evidente que la situación de la frontera México-Estados Unidos muestra serios rezagos que se manifiestan en la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, la frontera México-Estados Unidos juega un papel estratégico para ambas economías. Por otra parte, el desarrollo social de la región de Cascadia muestra una cercanía a altos niveles de calidad de vida y salud, y ocupa el décimo lugar mundial en crecimiento económico. Tenemos dos casos contrastables, donde en el primero queda clara la diferencia entre desarrollo social y crecimiento económico, mientras en el segundo la relación desarrollo-crecimiento es más equilibrada. Valdría la pena recalcar que la integración entre dos países no sólo implica aspectos económicos donde se privilegia el comercio. Una integración real y dinámica contiene dimensiones que incluyen lo económico, pero que están cruzadas por los aspectos ambientales y socioculturales. No se trata de promover la homogeneidad para salvar los tropiezos que este proceso implica, sino de fomentar la cooperación y corresponsabilidad ante los fenómenos de degradación y deterioro ambiental. Queda claro en el caso Cascadia que la región ha impulsado un cuidado afanoso por la naturaleza, mientras en el caso de la frontera México-Estados Unidos la naturaleza funciona como un elemento más, como una ventaja comparativa. El cambio y la transformación en proyectos sustentables reales requiere de la conjugación de diversos intereses que conjuguen el crecimiento con el cuidado ambiental en un ámbito de cooperación, con costos diferenciados sumamente claros y precisos. Hablar de región ambiental permite hacer un cálculo de la capacidad de soporte, de los recursos naturales, de las fuentes contaminantes y también adentrarse en los patrones de producción y consumo de distintas sociedades, así como distinguir sus patrones culturales. Si una de las características del concepto de región ambiental es su dinamismo y posibilidades de análisis, queda patente la importancia de este concepto en las regiones fronterizas que aquí hemos tratado de comprender. Mientras el caso México-Estados Unidos muestra un patrón polarizado de desarrollo, el caso Cascadia muestra un patrón más homogéneo, allí el auge económico de la región ha demostrado la posibilidad de mantener la capacidad de soporte y el equilibrio con la naturaleza. No se trata de erigir a la naturaleza como la nueva diosa que guíe la vida de los hombres, o de impulsar la homogeneidad a tabla rasa, sino de poner en su justo medio la corresponsabilidad diferenciada frente al daño ambiental y la necesidad de impulsar programas de cooperación con nuevas instituciones, actores y financiamientos en el ámbito regional que puedan enfrentar de manera real y dinámica el desafío que se nos presenta. La globalización ha impulsado el desarrollo de las regiones; lo local tiene un peso claro en las zonas de crecimiento, pero también es cierto que las integraciones son diferenciadas, unas más asimétricas que otras. Dependencias que aprovechan distintas características y particularidades. El papel que el medio ambiente juega en esta nueva lógica mundial es vital. Los dos casos aquí mostrados son prueba de dos modelos donde globalización y medio ambiente se mezclan y dan lugar a fórmulas complejas, diversas y diferenciadas. La globalización puede ser un canal que impulse la equiparación de estándares, el derecho a saber, el principio precautorio, la sustentabilidad, una mejor calidad de vida; pero también paraísos verdes, ventajas comparativas, laxas legislaciones ambientales, problemas de salud, etcétera. Fortalecer las instituciones binacionales existentes, establecer programas reales, esclarecer y tratar los verdaderos asuntos de relevancia ambiental, enriquecer nuevos espacios, fomentar la organización de ambas comunidades, aumentar el financiamiento a gobiernos locales y ampliar la influencia en los medios de comunicación, son factores clave en la posible construcción de una nueva agenda bilateral de medioambiente. REFERENCIAS [1] La capacidad de soporte implica el número máximo de población que puede ser atendido por un ecosistema. [2] Algunos teóricos especialistas en medio ambiente establecen la necesidad de un nuevo marco axiológico que permita cambiar la racionalidad de nuestras sociedades. Ampliar y modificar los valores ambientales bajo una nueva lógica, donde el cuidado del medio ambiente sea un factor altamente valorado, por ello se plantea una nueva racionalidad ambiental. [3] Los dos casos de estudio que pretendemos analizar se encuentran en zonas fronterizas, por lo que los intercambios comerciales, financieros y de personas son factores adicionales que juegan en la dinámica que los fenómenos ambientales ocupan en tales territorios, por ello la expansión de inversiones, el flujo migratorio, la rapidez de los intercambios comerciales y el transporte de mercancías, así como la oferta de servicios públicos y los bienes mínimos que garantizan la calidad de vida de la población, se encuentran en juego de manera permanente en la conformación de estas dos regiones ambientales. [4] Los residuos tóxicos y peligrosos generados por la industria maquiladora, representan un serio problema de salud pública en las diferentes zonas de la región fronteriza. Se puede decir que existen dos tipos de riesgos: a) los provocados a los trabajadores y b) los que tienen un efecto en la población en general. [5] La salud de los trabajadores de estas industrias también queda en entredicho. El incremento en el uso de sustancias como la acetona, el tolueno, el dicloro y el etano en los procesos productivos han contribuido, de manera directa, al deterioro de la salud de los trabajadores y las comunidades aledañas a las empresas. Los trabajadores desconocen los materiales con los cuales trabajan y las consecuencias que éstos pueden provocar a su salud. El derecho a saber no se practica. [6] En el Programa Border 2012 se plantea que instituciones y dependencias federales, estatales y locales participen en los esfuerzos fronterizos para mejorar la calidad del agua a través de la construcción de infraestructura y el desarrollo de programas. Para el año 2012 se pretende promover un incremento de 25 por ciento en el número de viviendas conectadas a los suministros de agua potable, alcantarillado y saneamiento. (Se reconoce que en 1996, sólo el 88% de las viviendas fronterizas en México contaban con servicios de agua potable; 69% estaban conectados en el drenaje y 34% contaban con sistemas de drenaje conectados a plantas de tratamiento. Estas cifras mejoraron para el año 2000 a 93, 75 y 75 % respectivamente). Además, se pretende evaluar los cuerpos de agua superficiales que formen parte de las cuencas fronterizas compartidas, y cumplir la norma de calidad. Se pretende contar con un sistema de monitoreo para evaluar la calidad de las playas fronterizas y también promover la evaluación del estado del 10% de los sistemas de agua en las ciudades fronterizas. [7] Se han impulsado múltiples visiones sobre la región de Cascadia desde una nación económica que impulsa el comercio, el intercambio y nuevas instituciones. Un corredor que une diversos puertos, promueve la cooperación ambiental y urbana y trata de controlar los flujos migratorios; hasta una visión de bioregión ecológica, que impulsa las ONG binacionales, la defensa del medio ambiente y el no crecimiento. Cada uno de estos proyectos tiene diversas instituciones, agentes y financiamiento que promueven sus posturas e impulsan sus visiones. [8] Dentro de esta corriente free trade, existen varias posturas: aquellas que no consideran importante el medio ambiente y piensan en la necesidad de utilizarlo al máximo, hasta aquellas visiones que tratan de mantener un equilibrio entre medio ambiente y crecimiento. [9] Este tema fue explorado por Ernest Callenbach en su novela, de 1975, Ecotopía; el libro ha sido citado continuamente, en él Washington, Oregon y el norte de California se separan de Estados Unidos y crean un Estado independiente que cierra sus fronteras, llamado Ecotopia. Sus habitantes rechazan la contaminación, la basura, el militarismo, el materialismo, el sexismo, el racismo y otros valores que corrompen a las sociedades. Así, forman un Estado propio, visto como una utopía ecológica. Este postulado fue retomado por el periodista del Washington Post Joel Garrau, que en su libro The Nine Nations of North America (1981) dibuja las fronteras de un nuevo Estado constituido desde California hasta Alaska, planteamiento que tiene gran fuerza entre los ecologistas que defienden el modelo biorregional. [10] La sustentabilidad implica un seguimiento holístico de la realidad, es una reacción a los problemas creados por las diferenciación sectorial y funcional de las sociedades modernas. Así, el desarrollo sustentable es definido como un proceso de integración de metas ambientales, sociales y económicas. La búsqueda de la sustentabilidad depende, en gran medida, de fuertes instituciones que estén dispuestas a coordinar e integrar las metas y los intereses de los diferentes actores sociales que componen los diversos sectores. BIBLIOGRAFÍA Alfie, M y Luis Méndez (2000). Maquila y Movimientos Ambientalistas. Examen de un Riesgo Compartido (México, UAM-A, CONACYT, Eón Editores). Alfie, M. (1995). ‘‘Ecología: a un año del TLC’’ en El Cotidiano, México, núm. 67, UAM-A, enero-febrero. Alfie, M. (1998) ...Y el Desierto se Volvió Verde. Movimientos Ambientalistas Binacionales (México, UAM-A, UIA, Fundación Miguel Alemán y Eón Editores). Alper, D. (1996). The Idea of Cascadia: Emergent Transborder Regionalism in the Pacific Northwest-Western Canada, en Journal of Borderlands Studies, Washington, vol, XI, no.2, fall. Alper, D. 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| Fecha de publicación en red: 04/Diciembre/2004 | |||||||
| Revista Mexicana de Estudios
Canadienses. Primavera de 2004. Vol.1, nueva época, número 7. © Copyright 2003 - 2004. Asociación Mexicana de Estudios sobre Canadá, A.C. |
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