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Octubre de 2003. Vol.1, |
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CAMPESINO EN TIERRA AJENA En entrevistas realizadas por la autora en las zonas de labor en Canadá se obtuvieron algunos ejemplos del comportamiento de los campesinos mexicanos que van a trabajar como jornaleros temporales. Cito a uno de ellos que considero relevante para entender la problemática emocional que enfrentan los trabajadores lejos de su país. Un joven mexicano de 28 años, que sale por primera vez de su lugar de origen para trabajar en Canadá, fue enviado a la granja Les Jardines Ste. Clotilde, donde se cosecha la lechuga en campo abierto. El empleador habló de él por teléfono con la responsable del programa en Canadá y le informó que este joven era un buen trabajador y que desempeñaba su labor con un alto rendimiento, pero que no estaba a gusto y solicitaba su retorno a México. La razón era que al joven mexicano lo estaba atacando la nostalgia (el mal de la añoranza); extrañaba a su familia y su lugar de origen; el empleador expresó su preocupación por el comportamiento del trabajador. La funcionaria llamó por teléfono al jornalero, lo animó y le prometió visitarlo en la granja y platicar acerca de su estado de ánimo. Al día siguiente se realizó la visita a la granja a la hora en que los trabajadores estaban en faena; no hubo necesidad de preguntar quién era: su estado era melancólico y sus ojos mostraban tristeza. La funcionaria platicó con él y se acordó conjuntamente con el empleador que lo mejor era su retorno a México. Es importante señalar que todos los campesinos que laboran en las granjas están totalmente aislados de la comunidad; la distancia y el clima extremoso, ya sea caluroso o frío, les impiden salir constantemente más allá de donde están laborando y viviendo. Sólo los fines de semana pueden ir al poblado más cercano, aunque no siempre, ya que algunos tienen día y medio de descanso y aprovechan para hacer varias actividades, como ir al banco para enviar dinero a las familias, comprar alimentos para la semana, convivir con otros paisanos que no se encuentran en la misma granja y recorrer el pequeño pueblo. Algunos granjeros los trasladan, pero ellos prefieren irse por su cuenta, ya que se sienten más libres de su tiempo, y de otra forma el patrón les marca el tiempo para su regreso a la granja. Es entendible el comportamiento de algunos trabajadores cuando se salen de las “normas de comportamiento” o, como el caso anterior, que padecen de la añoranza, cuyas causas podían ser diversas. Ello se explica por la actividad que tienen día a día desde su llegada hasta su regreso (considérese que algunos trabajadores pasan hasta ocho meses fuera de su casa). El campesino, después de su jornada laboral (de 8 a 10 horas o más) regresa a la casa de “descanso” para preparar sus alimentos para el día siguiente, además de lavar su ropa y limpiar la casa y su única distracción es escuchar la radio o ver la televisión; esto es lo mismo todos los días y no hay otro tipo de esparcimiento.
CONCLUSIONES Con la aprobación de la Federación Canadiense del Programa de Trabajadores Agrícolas Estacionales del Caribe y de México, en la década de los sesenta, y la llegada de inmigrantes temporales antillanos y mexicanos, que sustituyeron a parte de los trabajadores europeos y cubrieron el déficit de los nacionales, puede deducirse que gran parte de la riqueza agrícola de Canadá se sustenta en la mano de obra extranjera estacional, lo cual lo confirman con los resultados obtenidos en la producción. Además, resulta conveniente para el Gobierno, ya que por tratarse de una migración temporal no tiene que aplicar estrategias de atención y dotación de programas sociales, como lo tendría que hacer para inmigrantes definitivos. Considero que los efectos de esta migración dentro de la economía canadiense han redundado satisfactoriamente al cubrir con mano de obra barata y fácil de controlar; esto frena la elevación de los costos de producción y alivia la presión de la economía, que tendría que ocupar las plazas vacantes con el alto costo de la mano de obra de los ciudadanos de ese país. Ha sido satisfactoria la comparación entre costos y beneficios relacionados con los movimientos migratorios temporales hacia el Canadá. En el caso de México, las divisas obtenidas por los salarios de los jornaleros migrantes temporales no tienen un impacto significativo en las economías locales, dado el número reducido de trabajadores por localidad dentro de los programas, en comparación con la mayor afluencia que se obtiene de Estados Unidos. También se observa que no hay una clara atención y definición por parte del Gobierno acerca de la problemática que enfrentan los campesinos dentro de las granjas canadienses, ya que en las entrevistas realizadas a los trabajadores mexicanos éstos hicieron notar la ausencia de los representantes de los consulados. De acuerdo con esta experiencia, considero que esto sucede igualmente con los trabajadores del Caribe que participan en el programa. En Canadá existen leyes que disponen normas mínimas laborales que varían de acuerdo con cada provincia (seguro de indemnización por accidentes de trabajo, pensiones por incapacidad, jubilación, seguro médico, etc.) y estos estatutos deben aplicarse a los trabajadores agrícolas y trabajadores migratorios, aunque en muchos casos los trabajadores agrícolas migratorios son excluidos por los patrones de la cobertura de algunas prestaciones sociales y derechos, por su condición laboral, por la zona en que se encuentran y por el costo que significan, de tal manera que se reconoce una disparidad de los patrones en el trato hacia los trabajadores extranjeros y nacionales. Por ejemplo, el trabajador agrícola migratorio en Canadá, para tener derecho a la jubilación debe tener acumuladas mil 250 semanas de aportaciones, pero las personas que han trabajado en forma esporádica tienen dificultades para satisfacer estos requerimientos. Asimismo, se ha detectado que algunos patrones, después de varias temporadas, ya no solicitan a los trabajadores nominales para así evitar dicho pago. Para que el trabajador acumule tal tiempo y pueda obtener la prestación, en el supuesto de que labore ocho horas diarias en temporadas de ocho meses equivalentes a 32 semanas por año, tendría que laborar 39 años seguidos; si hubiera ingresado a los 18 años de edad se jubilaría a los 57. De este análisis se desprende que no es un derecho real, ya que no siempre trabajan un mismo número de horas seguidas, y cuando tienen algunos más de 20 temporadas laborando o alrededor de 50 años de edad, entonces el patrón decide no contratarlos más y el programa no los reubica en otra granja, por lo que el trabajador no alcanza la jubilación. Esto contradice una de las leyes internas de Canadá, según lo cual se prohíbe la discriminación de todo tipo en los centros de trabajo. La forma de operar el programa tiene como base contar con trabajadores migratorios que participan con la disposición a laborar en jornadas extensas y arduas, motivados por la necesidad de un ingreso mayor y debido a que están disponibles todo el tiempo que dure la temporada (lo que no ocurre con los trabajadores nacionales). Este factor, aunado al aislamiento territorial de los trabajadores temporales, favorece aún más a los patrones. Puesto que se hospedan en la granja, no tienen libertad de movimiento y por lo tanto se aprovecha esta disponibilidad de la mano de obra a cualquier hora, debido a que los procesos de trabajo tienen una continuidad por las tecnologías utilizadas.
A cambio de su labor, el trabajador extranjero obtiene salarios bajos en comparación con los canadienses. Para el patrón, el costo de la mano de obra es bajo si se toma en cuenta la alta productividad que generan dichos trabajadores; es por esto que el programa ha aumentado el número de jornaleros participantes. Es un ejemplo de cómo la sobreexplotación de un grupo pequeño puede lograr altos grados de producción y en consecuencia un alta plusvalía y ganancias para los patrones, que por supuesto no es repartida a los generadores de tal riqueza. |
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| Fecha de publicación en red: 11/Diciembre/2003 | |||||||
| Revista Mexicana de Estudios
Canadienses. Octubre de 2003. Vol.1, nueva época, número 6. © Copyright 2003 - 2004. Asociación Mexicana de Estudios sobre Canadá, A.C. |
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