Octubre de 2003. Vol.1,
nueva época, número 6.

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REVISTA MEXICANA DE ESTUDIOS CANADIENSES
nueva época
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De acuerdo con los datos proporcionados por Verduzco, en la provincia de Ontario las familias de los administradores formaron parte del mercado laboral, ya que representaban el 72%, mientras el resto de los asalariados sólo el 28% y de éstos la mitad eran temporales. En esa misma zona el porcentaje variaba cuando se trataba de las labores del tabaco o las hortícolas, y los asalariados eran el 58% de la fuerza laboral, de los cuales el 41% eran campesinos temporales (Seasonal Labour in the Ontario Tobacco and Horticultural Industries, 1986).

Según el autor, también contribuyeron otros factores a la formación de los programas de inmigrantes temporales agrícolas. Por un lado, tanto las familias no pagadas de los granjeros como los administradores que trabajaban como jornaleros en los campos se fueron retirando de esta labor en la medida que sus intereses personales iban dirigidos a otros empleos menos pesados y mejor remunerados. Para entonces, el número de trabajadores provenientes de las familias de los granjeros se fue reduciendo, al tiempo que se incrementaba la plantilla de jornaleros especializados hasta llegar a 78 por ciento.

La Comisión de Empleo e Inmigración de Canadá impulsó varios programas locales de trabajadores, como el Canadian Clearance Program, llevando a Ontario los de otras regiones del país, y también el Programa de Estudiantes para la Agricultura en las temporadas de verano vacacional, entre otros, con la intención de cubrir los requerimientos en la agricultura. Estos programas no lograron satisfacer las necesidades de mano de obra agrícola, por lo que tuvieron que abrir el abanico de trabajadores campesinos extranjeros en la época de los sesenta.

Para respaldar los programas temporales agrícolas, los canadienses tuvieron que elegir en el mercado internacional jornaleros calificados. Por ello, miles de inmigrantes indocumentados y documentados de otros países encontraron en esta nación una alternativa para obtener un empleo. El sector agropecuario canadiense requiere trabajadores especializados para llevar a cabo tareas en el campo y la llegada de jornaleros inmigrantes del Caribe y de México fue aceptada por la Federación Canadiense de Agricultura, que demandaba una reserva de mano de obra inmigrante agrícola temporal; esta fuerza laboral fue acogida inmediatamente debido a su adaptabilidad, sensibilidad y experiencia en las labores del campo en producción de cultivos especiales (Sandoval et al., 2001).

Se recurre entonces al Programa de Trabajadores Agrícolas Estacionales del Caribe y de México, a través del cual Canadá había comenzado a negociar con los países del Caribe desde 1947 y hasta después de una década los productores habían adoptado la propuesta, empezando en 1966 con Jamaica, en 1967 con Trinidad y Tobago y Barbados, en México en 1974 y en 1976 las Islas Orientales del Caribe (Granada, Antigua, Dominica ST.Kitts & Nevis, Santa Lucía, San Vicente y Monserrat).

La oficina del Programa de Trabajo Agrícola de Canadá recibió 69 mil 962 solicitudes de empleo entre octubre de 1974 y diciembre de 1975; se reportaron a los granjeros 59 mil 444 y se colocó a 42 mil 375 trabajadores. Para complementar las necesidades de los granjeros se sumaron 7 mil 150 inmigrantes temporales para la cosecha de 1975; de éstos fueron 5 mil 500 caribeños, 300 mexicanos y mil estudiantes para la cosecha del tabaco en Ontario, según estadísticas de esta oficina.

Este flujo migratorio aseguraba que las labores en las granjas tendrían éxito en la agricultura y altos porcentajes de ventas, tanto en el interior como en el exterior. Para la autorización de esta inmigración temporal se consideró la sección 10C de la Ley y los Reglamentos de Inmigración de 1978, que hacen referencia a la entrada a Canadá de personas que no son ciudadanos ni residentes permanentes y a su autorización para trabajar en el país; asimismo, en la sección 20 de los Reglamentos se permite el ingreso al país de trabajadores extranjeros bajo los acuerdos internacionales entre Canadá y otros países.

 

LOS JORNALEROS EN CANADÁ

En la época de los noventa se consolidan los programas temporales, dando la oportunidad laboral a los campesinos agrícolas estacionales; el objetivo de los programas es apoyar con mano de obra calificada las labores de los granjeros en las faenas de la siembra y la cosecha en determinados meses del año, garantizando al empleado una remuneración económica similar al del trabajador canadiense y proporcionando vivienda, alimentos, gastos de transportación y asistencia médica, entre otros.

Cada uno de los convenios binacionales está formalizado a través de un memorándum de entendimiento con directrices normativas y operativas, en el que se incluye el contrato de empleo entre el trabajador, el patrón y los Gobiernos de Canadá y el del país de origen del jornalero; la firma de un contrato bajo las normas del memorándum es un requisito indispensable para que los trabajadores puedan participar en el programa.

Conforme a lo pactado, y de acuerdo con las peticiones de la Foreign Agricultural Research Management (Servicios Administrativos de Investigación Agrícola Foránea, FARMS, según las siglas en inglés, o FERME, en francés), el Gobierno del país de origen recluta a los trabajadores en forma directa y procesa la información conjuntamente con la Embajada canadiense. Los requisitos mínimos son tener entre 18 y 45 años de edad, aprobar el examen médico, experiencia en el campo, no tener antecedentes penales y ser casados o sostén familiar. La mayoría de los trabajadores que regresan cada año lo hacen porque son solicitados por los patrones, esto es, por la relación de trabajo que se ha establecido entre ambos; más del 70% de los trabajadores mexicanos y el 95% de los jamaiquinos son “nominales” (Weston, 2000).

En 1966 llegaron a Ontario 264 jamaiquinos, para 1970 los trabajadores caribeños en el programa se incrementaron a mil 279 y en 1988 arribaron 8 mil 539, tanto de las islas del Caribe como de México. En la década de los setenta hubo variaciones hasta llegar a cerca de 6 mil trabajadores en 1980, registrándose en 1991 un incremento del 100% para un total de 12 mil 131, (Estadísticas del CCMSAWP: 1998). El programa creció por casi un cuarto de 1989 a 1999 a 15 mil 100, pero en la década de los noventa los números del Caribe cayeron 4%, mientras que los de México subieron 70%. La mayor declinación se experimentó con Barbados y las Islas Orientales del Caribe, y los trabajadores de Trinidad y Tobago crecieron en 78%; los resultados demuestran que para los canadienses y los jornaleros extranjeros estacionales temporales el programa es positivo (Weston, 2000).

En los contratos entre Canadá y los Gobiernos incorporados al programa, el empleador se compromete a contratar al trabajador por un periodo no inferior a 240 horas a lo largo de seis semanas ni mayor de 8 meses, dandóseles un periodo de prueba de dos semanas; la jornada laboral no excederá de 8 horas, aunque podrán acordar las partes la prolongación de dicha jornada. Es importante señalar que tanto en esta cláusula como en otras, al trabajador le interesa laborar más tiempo del que se señala porque está de tiempo completo para el patrón y entre más horas labore aumenta su ingreso salarial por temporada; por cada 6 días laborales contínuos tiene derecho a un día de asueto, pero también el patrón puede solicitar su aplazamiento; los contratados no están autorizados a buscar un trabajo alterno ni adicional, no pueden ser transferidos sin el permiso y la aprobación de la representación gubernamental; no tienen permiso de residir más tiempo de lo que estipula su contrato y deben abandonar el país en un plazo de 7 días posteriores al vencimiento del mismo.

El empleador tiene que pagar semanalmente los sueldos de los jornaleros, conforme a las políticas de cada provincia y a la tarifa determinada anualmente por la oficina de Recursos Humanos y no debe ser menor al salario mínimo. Asimismo, éste debe ser similar al de los trabajadores nacionales y el patrón puede hacer deducciones para el pago de costo de la visa, seguro de salud, seguro de desempleo, plan de pensiones y las demás aprobadas por el acuerdo. El granjero está obligado a proporcionar vivienda con todos los servicios (calidad de suministro de agua, comedor, drenaje, instalación de lavado, baños, regaderas) y que éstos se encuentren en condiciones sanitarias, sin costo alguno; adquirir un seguro para cubrir una indemnización en caso de lesiones o enfermedades relacionadas con el trabajo; pagar el transporte aéreo de ida y vuelta del jornalero, desde la capital de su país de origen hasta Canadá (debe transportalo del aeropuerto al lugar de empleo y viceversa al término del contrato).

Para el caso de los mexicanos, que no cuentan con la cobertura médica provincial como sucede en Alberta y Manitoba, el Gobierno mexicano contrata a un proveedor para dar seguro médico a los trabajadores en dichas provincias; este mismo mecanismo pueden aplicarlo las otras naciones que están incorporadas al Programa. Esto no excluye que el empleador no deba cumplir lo pactado entre las partes conforme a las leyes, reglamentos y ordenanzas relativas a las condiciones establecidas.

Tanya Basok señala que desde 1987 los programas han sido administrados por los Servicios Administrativos de Investigación Agrícola Foránea, entidad que está conformada por representantes gubernamentales de la Secretaría de Trabajo y la oficina de Desarrollo de Recursos Humanos y las asociaciones de productores, quienes llevan registros de los jornaleros que participan en el Programa para la Mancomunidad de Trabajadores Agrícolas Estacionales Caribeños y Mexicanos (CCMSAWP por sus siglas en inglés), como número de trabajadores, país de origen, provincia y granja a la que se dirigen; asimismo, se especifican las actividades que van a realizar; la contratación se realiza sin perjudicar al mercado laboral nacional existente (véase cuadro 3).

Sin embargo, a pesar de que existen controles migratorios, se sabe que varios inmigrantes menonitas van a ese país provenientes de Paraguay, Bolivia y Belice, pero no se dispone de registros estadísticos de esta migración, ni de aquellos que entran a Canadá en forma legal o indocumentada para trabajar en la agricultura estacional sin pasar por los programas de gobierno controlados (Secretariado de la Comisión para la Cooperación Laboral,2001).

La mayor parte de la fuerza laboral agrícola migratoria estacional se localiza principalmente en la provincia de Ontario y el porcentaje más alto en la cosecha se desarrolla en esta zona, como es la fruta, hortaliza y el tabaco; el resto de trabajadores está en Quebec, Manitoba, Alberta y Nueva Escocia, como lo muestra el cuadro número 4.
   


EL PROGRAMA MÉXICO-CANADÁ

En las provincias canadienses de Ontario, Quebec, Manitoba y Alberta solicitaron mano de obra especializada estacional en la década de los setenta, por lo que pidieron a México que les enviara campesinos para que trabajaran en las granjas de esa nación. México se comprometió a través de un acuerdo administrativo bilateral a enviar a jornaleros mexicanos a dicho país. La propuesta se basó en este caso en la experiencia tenida con Estados Unidos con el Programa Bracero, impulsado bajo la Ley de Inmigración de 1917 y vigente hasta 1942; este programa fue creado durante la Segunda Guerra Mundial como un convenio laboral para que ingresaran temporalmente mexicanos a Estados Unidos y expiró en 1964.

En 1974, el programa con Canadá inició con 203 trabajadores y se mantuvo estable hasta 1984 con un promedio de 550 por año. A partir de 1985 se observa un incremento, duplicándose el promedio anual de 1974-1984. En 1987 se elevó a mil 538, dándose cada año un aumento del 200% del ciclo anterior entre 1987 a 1990, llegando en 1991 a un promedio de 5 mil, que se mantuvo hasta 1998, año en que nuevamente aumentó a 6 mil 500, con un ascenso entre el 15 y 20% por año y llegando en el 2001 a un total de 10 mil 275, manteniéndose estable en 2002 con 10 mil 681 trabajadores (véase cuadro 5).
   


Si hacemos una comparación entre los datos anotados en el cuadro 3 y los del cuadro 5, en cuanto a los trabajadores mexicanos existe disparidad en el número de participantes por año con diferencias mínimas, según la fuente, pero en lo general podemos decir que tomando en cuenta el total de trabajadores de los diferentes países que participan en el programa, es bajo en comparación con el desempleo agrícola existente en la región.
   

Fecha de publicación en red: 11/Diciembre/2003
Revista Mexicana de Estudios Canadienses.
Octubre de 2003. Vol.1, nueva época, número 6.


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