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Octubre de 2003. Vol.1, |
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MÉXICO Y EL CARIBE EN EL PROGRAMA
Resumen |
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La globalización de la economía mundial, los avances tecnológicos y la crisis del capitalismo son factores que afectan, indudablemente, a los países dependientes. Al crecer la internacionalización de la fuerza de trabajo, las poblaciones se ven obligadas a buscar empleo fuera de sus fronteras con objeto de mejorar sus condiciones de vida. En consecuencia, en los últimos años el desempleo ha aumentado de manera constante en el mundo y representa un síntoma de estancamiento económico. Así, existen unos 30 millones de inmigrantes indocumentados que trabajan en condiciones inhumanas (Coalición Española, 2003). Por otra parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que el desempleo creciente es el mayor drama humano del planeta, ya que en lo que va del siglo XXI se han perdido 24 millones de empleos en el mundo (Gómez Tagle, 2002). En México el empobrecimiento del campo y la falta de oportunidades de encontrar trabajo en el país dan lugar a que la expulsión de connacionales hacia Estados Unidos y Canadá sea más difícil de detener. La Secretaría de Trabajo y Previsión Social informa que sólo en la ciudad de México han perdido su empleo alrededor de cien mil personas entre 2001 y 2002, debido a la recesión económica que vive el país, y cada día 600 campesinos dejan su tierra; los que pueden emigran más allá de la frontera del norte. De los 25 millones de ciudadanos que viven en comunidades rurales —la cuarta parte de la población total— 8 de cada 10 se encuentran en la extrema pobreza; el abandono en el agro mexicano es cada vez más grave. La población mexicana que reside en Estados Unidos se distribuye de la siguiente manera: cerca del 90% se concentra en dos estados: California (41%) y Texas (25%); en Illinois hay 6%; en Arizona 5%; en Colorado, Florida, Nuevo México y Washington 2% en y Nevada, Georgia, Nueva York y Carolina del Norte 1% (Becerril, 2002). Por otra parte, el órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación señala que la población mexicana residente en ese país se ha incrementado sistemáticamente desde los años sesenta y su efecto sobre la dinámica demográfica es cada vez más perceptible. Aproximadamente, el número de mexicanos que vivía en ese país hace 30 años pasó de 260 mil a 3 millones en los años noventa. El flujo neto anual se ha multiplicado en términos absolutos más de 12 veces en las últimas tres décadas, al pasar de un promedio de 30 mil personas en los años sesenta a 360 mil por año en el segundo quinquenio del decenio pasado. A consecuencia de esta dinámica, el Consejo Nacional de Población (Conapo) considera que la población mexicana por nacimiento que vive en Estados Unidos es de unos 9.5 millones de personas, de las cuales poco más de 3.5 millones son indocumentadas (Becerril, 2002). El Instituto Nacional de Inmigración señaló que los principales estados expulsores de mano de obra en la República Mexicana son Guanajuato, Hidalgo, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Zacatecas, Distrito Federal y Estado de México. Al indocumentado no le importa arriesgar su vida para alcanzar el ansiado sueño americano, pues considera que más vale morir que permanecer en sus lugares de origen viviendo en un estado de miseria. En consecuencia, no hay esperanza de que la pobreza se reduzca y por lo tanto tampoco la migración. Además, hay que agregar el problema que se está suscitando en el campo mexicano frente a la desgravación de casi la totalidad de los productos agropecuarios a consecuencia del TLCAN. Si se acentúa aún más la crisis de los campesinos, es probable a corto plazo una mayor ola de desempleo y un mayor flujo de salida de jornaleros, que ingresarán a las filas de los indocumentados en Estados Unidos y algunos se incorporarán a los programas establecidos de trabajadores agrícolas migratorios temporales, ya sea en Estados Unidos (programa H2-A) o Canadá (programa CCMSAXP). Esto los hace cada vez más vulnerables en el mercado laboral del norte, puesto que estarían sujetos a la demanda y oferta de ese mercado, sumándose a los aproximadamente 5 millones que laboran en los campos de esa región (Secretariado de la Comisión para la Cooperación Laboral, 2001). |
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LA AGRICULTURA Y LOS PROGRAMAS ESTACIONALES CANADIENSES Canadá es una de las siete potencias económicas del mundo y cuenta con uno de los mayores territorios de todo el orbe. Esta nación se formó con los indios nativos e inmigrantes europeos. Es un país que en un principio no abrió las puertas para todos los migrantes. En la medida que crecían las demandas de tipo económico, político, demográfico y social, cambiaron sus directrices políticas de inmigración. En el siglo XX no sólo ingresaban europeos sino personas de todas las nacionalidades del mundo. Por ejemplo, de 1980 a 1986 la inmigración de otros países representó el 63.43%, la mayoría provenían de Asia (42.2%) y el resto lo constituían africanos, sudamericanos y antillanos (21.23%); para los años noventa fue descendiendo el grupo europeo hasta llegar al 20.2% y los demás provenían de otras partes del mundo. Canadá cuenta aproximadamente con 70 millones de hectáreas para el cultivo y durante siglos la industria agropecuaria ha sido una fuerza vital en la economía canadiense; en la actualidad, sigue contribuyendo en forma importante al comercio de ese país con los mercados internacionales. Este sector es uno de los principales productores de alimentos (granos, oleaginosas, legumbres, carnes y lácteos) y lo constituye alrededor de 487 mil agricultores que corresponden a 2% de la población total del país y al 3.4% de la fuerza laboral; 1.8 millones de personas, es decir, un 15% del total de la fuerza laboral se emplea en las áreas de procesamiento y servicios alimentarios e industrias relacionadas con el sistema agroalimentario. Estas industrias, juntas, generan cerca del 8% del Producto Interno Bruto (PIB) del Canadá. La mayoría de los agricultores de la región del Atlántico cultiva productos altamente comercializables como frutas, hortalizas y forrajes. En cambio, las provincias de Ontario y Quebec se distinguen sobre todo por la producción del maíz y se las reconoce por sus sectores hortícola y ganadero. Por ejemplo, en 1992, en Ontario la producción de la cosecha del tabaco fue de 89% y entre flores y verduras se produjo el 72% (Agricultural Statistics for Ontario, 1992). Mediante el desarrollo de tecnologías de cultivo totalmente nuevas, los canadienses han convertido algunos terrenos en zonas de granos, cuya producción anual sobrepasa los 50 millones de toneladas de trigo, avena, cebada, centeno, canela y semilla de lino; asimismo, existen zonas especializadas en la agricultura y floricultura con un alto grado de tecnología como son los viveros y los invernaderos. La industria agrícola canadiense es próspera, su eficiencia y productividad son el resultado de la investigación, la tecnología, administración y amplios servicios de apoyo para llevar los productos al mercado, como se muestra en los cuadros 1 y 2. |
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A pesar de que Canadá tuvo un descenso del 60% entre 1941 y 1986 en el número de granjas agrícolas, debido a la falta de dedicación y organización en las diferentes regiones, Ontario se mantuvo siempre por arriba de las demás provincias, registrando el mayor porcentaje de granjas de 1986 a 1991, con el 24.2%, lo que lo mantuvo fuerte en este sector. Después se sitúan Saskatchewan con 21.4% y Alberta con 20.3%. Como se refleja en los porcentajes, la provincia de Ontario se ha caracterizado por ser una de las más fuertes económicamente para Canadá; por mencionar un dato, en el Producto Nacional Bruto (PNB) se registró —sólo en el área de la agricultura— el 26% de la producción y agroindustria de verduras y el 59.9% en el de frutas, dando un matiz importante a la región. También es conveniente señalar que en la década de los ochenta, en el 63% de las granjas señaladas se requirió mano de obra salarial estacional, con un alta importancia en el empleo de estos trabajadores en dichos cultivos(Verduzco:2000): en el tabaco con el 88% y en la fruta con el 62%, a diferencia del 28% de las granjas que cultivaban otros productos. |
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| Fecha de publicación en red: 11/Diciembre/2003 | |||||||
| Revista Mexicana de Estudios
Canadienses. Octubre de 2003. Vol.1, nueva época, número 6. © Copyright 2003 - 2004. Asociación Mexicana de Estudios sobre Canadá, A.C. |
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