Octubre de 2003. Vol.1,
nueva época, número 6.

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REVISTA MEXICANA DE ESTUDIOS CANADIENSES
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EL GRUPO DE LOS SIETE.
RESEÑA DE LA OBRA DE CHARLES C. HILL, THE GROUP OF SEVEN, NATIONAL GALLERY OF CANADA, OTTAWA, 1995

Ismael García Castro
        

Charles C. Hill, The Group of Seven, National Gallery of Canada, Ottawa, 1995

Resumen
Este trabajo analiza el contexto político, económico y cultural en el cual se concibió la obra pictórica del Grupo de los Siete, así como sus antecedentes, los tiempos precedentes a la formación del grupo, sus exposiciones y los individuos que participaron en este movimiento artístico.
     

En esta obra Charles C. Hill analiza el contexto político, económico y cultural en el que se desarrolló la obra pictórica del Grupo de los Siete, así como los antecedentes a la formación del grupo, sus exposiciones y las individualidades que participaron en esta asociación. La revisión de la obra e ideas de este movimiento artístico es tarea vigente debido a que en el Canadá actual, pensadores, artistas, políticos y el hombre común siguen discutiendo lo que significa ser canadiense, elemento inspirador de las obras del grupo.

En la primera parte de su obra, Charles C. Hill aborda el debate que durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX se presentó en el mundo artístico, de la pintura en particular, sobre los códigos y cánones establecidos y los movimientos que representaban la búsqueda de nuevos elementos, estilos, técnicas y motivos. Esta búsqueda no se presentaba de la misma forma en todos los países, aunque existía cierta fuerza centrípeta de Francia, donde se establecían las vanguardias artísticas. En Inglaterra apareció la corriente moderna a mediados del siglo XIX como una reacción a los procesos estéticos que trajo consigo la Revolución industrial. El movimiento estuvo basado en las ideas de Ruskin y William Morris, quienes predicaron el desprecio al maquinismo y el retorno a la creación artesanal y al simbolismo inspirado en las formas de la naturaleza. Las obras de Morris, en particular, fueron libros de cabecera de varios de Los Siete. Otros autores leídos por los miembros del grupo, quienes crearon una mitología de la comunión y armonía del hombre con la naturaleza, fueron Emerson, Thoreau y Rusell.

El contexto político, social y cultural del Canadá de principios del siglo XX es el primer motivo de análisis de esta obra literaria; apunta que desde la formación de la Confederación Canadiense en 1867, se inicia la búsqueda de una identidad nacional. Aparecen así los nombres de Horatio Walker, Homer Watson, Maurice Cullen, Clarence Gagnon, Ozias Leduc y el pintor postimpresionista, autoexiliado en Francia, James Wilson Morrice, quienes fueron poco conocidos, a diferencia de la trascendencia que alcanzarían Los Siete.

En 1879, el gobernador General, Marqués De Lorne, llamaba a los pintores a representar las características del paisaje y los motivos canadienses, aunque este nacionalismo era del mundo anglosajón, donde el arte y la cultura francesa de Quebec quedaban excluidos. Los artistas quebequenses se enfrentaban, además, con otros adversarios poderosos, como las instituciones tradicionalistas del Gobierno provincial y la iglesia católica. Los pintores de Quebec, que reclamaban para sí la herencia de las vanguardias francesas, tenían que salir de la provincia o del país para desarrollar su arte. Fue el caso de John Lyman, quien tuvo que dejar Montreal debido a sus revolucionarias ideas artísticas.

En Quebec, desde la década de los sesenta del siglo XIX, se fundó la primera sociedad de artistas de Canadá: la Asociación de Arte de Montreal. Para 1872, se formó también la Sociedad de Artistas de Ontario. En 1880, el gobernador De Lorne fundó la Real Academia de las Artes y dos años después fue inaugurada, en Ottawa, la Galería Nacional. El arte canadiense fue expuesto en Londres en 1884, como parte de una exhibición de las colonias británicas. Ese mismo año se formó en Toronto la Liga de Estudiantes de Arte.

Durante esa época, la pintura canadiense fue poco consumida por los coleccionistas, por lo que el Gobierno se convirtió en el patrocinador de los artistas locales a través de la Galería Nacional. En 1908 se fundó el Museo de Finas Artes de Nueva Escocia y en 1912, la Galería de Arte de Winnipeg.

Si la falta de ventas era un problema para la pintura canadiense durante esa época, lo era más la falta de una crítica preparada, por lo que ésta era cruda y despiadada con aquello que se saliera de los estilos académicos; sin embargo, la pintura de Los Siete recibió comentarios positivos debido a que sus temas se inspiraban en ideas nacionalistas, aunque sus técnicas eran modernistas y poco ortodoxas.

De 1914 a 1919 se estableció una tregua en el frente del debate artístico por la Primera Guerra Mundial. El Gobierno tuvo que dedicar todos sus recursos al esfuerzo bélico y dejar el presupuesto cultural para mejores tiempos. Durante ese lapso, los críticos academicistas arreciaron sus ataques a la pintura moderna, la cual relacionaban con países enemigos como Alemania.

De acuerdo con el autor, los antecedentes a la integración de la agrupación de Los Siete se remontan a 1907, con la formación del Club Canadiense de Arte, organizado por miembros escindidos de la Sociedad de artistas de Ontario, a la que pertenecían algunos artistas que serían miembros del grupo. La protesta de los separatistas se debía a la preferencia de la sociedad por artistas extranjeros.

En 1908, se crearía otra organización de gran influencia para la formación de Los Siete: el Club de Artes y Letras, una asociación de Toronto que agrupaba artistas de géneros diversos con el objetivo de impulsar a jóvenes artistas sin compromiso con la elite cultural y el arte comercial. Es dentro de este contexto que MacDonald establece contacto con Lawren Harris en la búsqueda de desarrollar un arte nuevo, sin compromisos. La afinidad entre Harris y MacDonald se estableció de inmediato, cuando en 1913 visitaron la exposición de arte escandinavo en la Galería Albrigth de Buffalo, Nueva Cork. Quedaron impresionados por las formas y técnicas de la pintura que representaba a los países escandinavos. El mismo año sería testigo del encuentro de Harris y MacDonald con Tom Thomson, Arthur Lismer, Fred Varley, Frank Jhonston y A. J. Jackson.

El recién construido estudio de Harris en Toronto fue punto de reunión y trabajo. El contacto con Thomson fue crucial para la obra del grupo, porque fue él quien los introdujo en la pintura de paisajes. Durante el verano y otoño de 1914, Jackson, Varley y Lismer trabajaron junto a Thomson en el parque Algonquino. En 1917, Tom Thomson murió trabajando en ese lugar. Al terminar la guerra, los artistas regresaron ahí, reconociendo su deuda con el desaparecido artista. Otros paisajes, como Algoma, el lago Superior y la bahía Georgiana, inspiraron las mejores obras del grupo.

En este movimiento artístico participaron muchas individualidades ya que, en realidad, el Grupo de los Siete nunca fueron sólo siete. Desde su primera exposición, consideraron a Thomson como miembro, aunque había desaparecido físicamente.

Después de la primera exposición de 1920, Frank Johnston abandonó la agrupación por motivos de patrocinio personal para su trabajo. En 1927, Harris, MacDonald, Jackson, Lismer, y Carmichael deciden aceptar un sustituto de Frank Johnston en la persona de A. J. Casson. Durante las diferentes exposiciones que tuvieron antes de eso, Los Siete fueron, entre otros: Percy J. Robinson, Thoreau MacDonald y Edwin Holgate.

Aunque en la sociedad siempre hubo una participación democrática y libertad de acción, fue indudable el liderazgo de Harris, quien desde el principio constituyó el epicentro del grupo. Al morir Thomson, fue Harris quien organizó los viajes al parque Algonquino y otros lugares de su predilección. Fue también este artista quien, con el tiempo, logró trascender el romanticismo nostálgico y puritano que inspiró la pintura del grupo, hasta un arte moderno y universal. De las escasas ventas que la asociación tuvo a través de sus muestras, Harris sería el de mayor éxito y trascendencia territorial, ya que su obra fue la más adquirida por las galerías estadounidenses.

MacDonald, el de mayor edad de todos, había recibido muchas críticas sobre su pintura, la cual era considerada demasiado moderna para los cánones de principios de siglo. También estuvo inmerso en el debate sobre el arte nacional, escribiendo para diferentes periódicos y revistas especializadas como el Toronto Daily Star, el Canadian Courier, el Rebel y Canadian Forum. En 1920, MacDonald organizó una gira de los trabajos del grupo a ciudades de Estados Unidos, como antecedente inmediato a su primera exposición en Toronto. La última exposición en la que MacDonald participó fue la realizada en su memoria en 1933, en la Galería de Arte de Toronto.

A. J. Jackson, un espíritu muy inquieto, casi autodidacta, tuvo tempranos contactos con el arte moderno de Europa, no sólo por ser de Montreal, sino por haber vivido y trabajado en Francia. Jackson, como MacDonald y Harris, fue de los que más recorrió Canadá buscando nuevos motivos para su obra. Durante ese deambular, en 1926 contactó a Frederick Alexei y a Emily Carr, quienes buscaban rescatar el arte indígena canadiense.

Por su parte, los ingleses Varley y Lismer coincidieron con el resto del grupo desde sus primeros contactos. Varley fue un pintor de guerra, su obra fue expuesta tanto en Europa como en Canadá. Luego de la separación del grupo, Varley se mudó a Vancouver donde permaneció enseñando arte. Lismer fue maestro de pintura de tiempo completo. En 1926, a través de un discurso en el Club Canadiense de Toronto, Lismer criticó la preferencia que se tenía por artistas europeos y propuso la fundación de una escuela de arte en Ontario.

Carmichael fue el que tuvo el mayor éxito comercial, aunque esto también le impidió compartir las ideas, los viajes y las metas de los demás. A. J. Casson, su principal amigo, se convirtió, en 1927, en el séptimo miembro del grupo, y permaneció con ellos de una forma discreta.

Después de 1932, según la idea de Harris, de renovar al grupo bajo el nombre de Grupo Canadiense de Pintores, se invitó a Edwin Holgate de Montreal y Le Moine Fitzgerald de Winnipeg como miembros permanentes.

Charles C. Hill hace un recuento cronológico sobre el contexto en el que se dieron las exposiciones del grupo, narrando las vicisitudes de sus muestras. En 1920, los artistas se integraron en la Galería de Arte de Toronto. Esta, su primera exposición, constaba de 121 trabajos, entre óleos, dibujos y acuarelas, de los que sólo se vendieron tres. Al año siguiente, el grupo volvió a exponer en Toronto con apenas 45 obras y sin la participación de Varley y MacDonald. En 1922 la historia fue similar, aunque la exposición fue únicamente de óleos. De la misma manera que en las ocasiones anteriores, Harris, Lismer y Jackson presentaron la mayor parte de los trabajos. En esta ocasión las ventas fueron nulas. Lejos de desanimarse por eso, se involucraron en tareas más ambiciosas, como la de exponer en el extranjero.

Durante 1923 y 1924 se organizaron exposiciones que viajaron por varias ciudades de Estados Unidos y, en el segundo de estos años, su trabajo fue expuesto en Wembley, Inglaterra, con rotundo éxito. Si las exposiciones de Toronto atrajeron la atención de la crítica y los periódicos, la de Inglaterra fue tomada como un enorme acontecimiento. Todos los periódicos de Canadá hicieron la reseña del evento y la prensa del Reino Unido los trató de manera muy favorable. Este reconocimiento internacional redituó en nuevas invitaciones de galerías norteamericanas. Por estas circunstancias el grupo pasó casi tres años sin exponer en Toronto. Sin embargo, durante esos años, con el patrocinio de instituciones públicas y privadas, así como con obras donadas o vendidas a muy bajo precio por el grupo, se montaron múltiples exposiciones en poblaciones grandes y pequeñas por todo Canadá.

En 1926 fue inaugurada la Nueva Galería de Arte de Toronto, y con este motivo se montó una gran exposición de arte canadiense que incluía varias obras de la agrupación. La Galería Nacional de Ottawa haría algo semejante. Esta institución cultural del Gobierno vio en la obra de la agrupación el prototipo de un arte nacional. En 1927, la institución organizó una enorme exposición llamada Exhibición de arte canadiense moderno de la costa occidental y nativo, ya que incluía arte indígena como máscaras y tótemes, además de pinturas del grupo realizadas en la Columbia Británica y aquellas de Emily Carr, artista de la costa del Pacífico que se inspiraba en el arte aborigen. Ese mismo año, el grupo fue invitado a exponer en París, donde tuvo un trato muy diferente al que habían alcanzado en Inglaterra. La prensa en Canadá ni siquiera comentó el acontecimiento.

En 1928, Los Siete organizan en Toronto una exposición a la que convocan a una gran cantidad de artistas de todo Canadá que empezaban a lograr reconocimiento, como Bertram Brooker, Munn, Prudence Heward, Holgate, Thoreau MacDonald, Charles Comfort, Carl Schaefer y Sarah y Albert Robinson, entre varios más. Esta muestra conjunta tuvo gran cobertura de la prensa y una asistencia de casi 8 mil personas. Una muestra similar fue montada en Vancouver ese mismo año. Vancouver fue un hito en asistencia para una exposición de arte en Canadá: atrajo más de 65 mil visitantes.

Durante los últimos años de la década y los primeros de la siguiente, el arte de Los Siete fue exhibido en algunas ciudades de Estados Unidos: en Buffalo, Rochester, Toledo y Syracuse, donde las galerías de estos lugares adquirieron varias obras de la agrupación. El éxito alcanzado, paradójicamente, marcaría el inicio del descenso del grupo, ya que, para la exposición de 1931 en Toronto se presentaron muy pocas obras, y como reflejo de la depresión económica por la que se atravesaba, no hubo ventas. La situación aceleró la disolución del grupo.

La muerte de MacDonald en 1932, semanas después de haber sido electo miembro de la Real Academia Canadiense, marcaría el destino de Los Siete. La exposición de Toronto de 1933, organizada en su memoria, coincidió con una muestra de pintura francesa moderna, lo que sería motivo para que Jackson expresara: "Jim MacDonald significa más para la pintura canadiense que el mundialmente aclamado Matisse en la sala de al lado".

La obra de Charles C. Hill da cuenta de que los primeros años del siglo XX fueron para Canadá una época de promesas. Era también una nación en busca de una identidad y un camino propios. Qué mejor que la pintura para retratar esa situación, y qué mejor forma de representación que las técnicas pictóricas modernistas y los temas románticos de la vida rural y la naturaleza salvaje. Por ello, apunta el autor, el Grupo de Los Siete fue un producto de esa época, del Canadá que buscaba romper con su pasado colonial, creando un sentimiento, a la vez que nacionalista, de nostalgia por el paisaje natural como el común denominador de la nación. Los Siete también se caracterizaron por haber sido, y de alguna forma lo seguirán siendo, el centro de una polémica, ya que se les ha acusado de crear un mito sobre la cultura nativa y la vida salvaje. Pero una nación como Canadá no ha necesitado de otra cosa que mitos y sueños para construir una identidad.
     

Fecha de publicación en red: 11/Diciembre/2003
Revista Mexicana de Estudios Canadienses.
Octubre de 2003. Vol.1, nueva época, número 6.


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