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Primavera 2002, |
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LA IMAGEN TRAS EL CRISTAL |
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En las librerías de la red es común publicitar los libros con reseñas. A veces éstas las realizan prestigiados críticos literarios, y otras son los mismos lectores que en un afán de compartir y discutir (aunque sea en el ciberespacio) sus puntos de vista lanzan una reseña que se presentan en alguna página de las cuantiosas librerías que habitan Internet. En muchas ocasiones, éstas despiertan nuestro interés y nos llevan a comprar un libro, aunque en otras —si hiciéramos caso— nos provocarían tirar a la basura muchos de los que incluso y hemos comprado. No he de decir dónde, pero en alguna de estas páginas encontré City of Glass clasificado como un coffe table book. Nada me parece más falso. El libro de Douglas Coupland indudablemente trasciende lo visual, no sólo por la misma posibilidad de lectura que brinda la idea editorial de jugar con el diseño para darle un nuevo sentido a la imagen y al texto, sino porque este último o mejor dicho estos últimos tienen un valor estético —literario— que no se puede obviar. Como sabemos, Douglas Coupland es uno de los escritores canadienses más conocidos e importantes de los últimos años por su trayectoria literaria y, si también por su actividad comercial en el mundo de la publicidad y la de mercadotecnia. El libro en cuestión aquí, City of Glass, publicado por Douglas and McIntyre en el año 2000, tiene varios niveles de lectura.[1] Por una parte, está el apoyo visual tanto del diseño editorial como de la fotografía (trabajo de Judith Steedman y de Una Knox, respectivamente), que si bien completan el texto literario tienen independencia en cuanto a emitir su propio discurso, al a vez que se entrelazan para ser la voz final del libro. El diseño es una propuesta (tal vez no tan innovadora como dinámica) de creación estética que intenta ir más allá de la imagen presentada; es decir, la disposición de la fotografía en la página del libro olvida en muchos casos mantener el encuadre como centro para funcionar como un suplemento del diseño y un subtexto de lo escrito. Un ejemplo muy claro de esto es posible observarlo en la serie de marcos que constituyen las franjas de fotografía de algunas orillas de la caja tipográfica o la fotografía que, para ilustrar un capítulo que habla de los matrimonio interraciales, corta las cabezas de los sujetos, quedando únicamente el borde de dos sonrisas que muestran rasgos raciales inequívocamente distintos pero sin llegar más arriba de la parte inferior la nariz. Además, las fotografías —que son claro producto de una tradición fotográfica posterior a los años ochenta que ha tomado prestado el lenguaje del comercial y del videoclip para propósitos artísticos y que tuvo tanto éxito en el cine de la generación e los baby boomers y con sus variantes de menos brillo en el color y de imágenes más crudas en el cine de precisamente la generación x— refuerzan el texto con un leguaje visual afín al discurso del autor tan lleno de este mundo televisivo, del comercial y de la imagen tópica cinematográfica, con que él mismo autor asocia un carácter de Vancouver, “el gran ciclorama del cine estadounidense de estudio”. Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en una foto que muestra un pay en todo su esplendor, que es lo que en la fotografía comercial se llama el product shot. City of Glass es un viaje con el autor por su ciudad natal, pero él no nos conduce con la intención de mostrarnos una ciudad bella, sino una ciudad viva. A través de textos cortos sobre diversos temas, Vancouver se presenta como el gran personaje y como el gran escenario, sobre todo el de los recuerdos de Coupland, aunque también se muestra como la encarnación de una identidad que lucha por erigirse en contraposición de quienes han querido hacerla parecer, sobre todo físicamente, a otras ciudades. Coupland quiere mostrarnos el latido de la ciudad, las pequeñas historias y fragmentos de anécdotas que la conforman, las imágenes que la hacen distintiva y única, particularmente en un área fronteriza de muchas identidades que se oponen. Sin embargo, la identidad de Vancouver finalmente resulta ser un rompecabezas de muchas piezas distintas: una tradición histórica poblada por los fantasmas de los pueblos originarios; por edificaciones de cristal deshabitadas que estaban destinadas a albergar a una supuesta oleada de migrantes asiáticos o a la misma y creciente comunidad asiática —quienes para no prescindir del karaoke han comenzado a construir casas con habitaciones especiales para éste—; por la gran sede de los ecologistas y de los hippies y agricultores de marihuana hidropónica, y por un espacio físico que es también un paisaje impresionante que combina lo urbano con la naturaleza silvestre. Es imposible detallar todas las imágenes y sensaciones que Coupland nos transmite en una prosa muy vívida y visual, pero sí debo decir que cada texto por corto que sea va conformando un libro especie de novela de viaje, pero con la particularidad de que el trayecto se hace en la propia ciudad y que aunado a la descripción se entretejen la ficción, la fantasía creadora del autor y elementos biográficos. City of Glass no es definitivamente un libro para matar el tiempo, es para sentarse horas a leer, a mirar, rever y releer las imágenes y los textos contenidos, la mayoría de éstos escritos expresamente para la publicación y dos —los más largos— reproducciones de notas aparecidas antes (esto es muy interesante porque la reproducción se hace literalmente como si fuera una edición facsimilar). [1] Elemento que lo asemeja con el libro homónimo de Paul Auster. |
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| Fecha de publicación en red: 10/Julio/2004 | ||||||
| Revista Mexicana de Estudios
Canadienses. Primavera 2002, nueva época, número 2. © Copyright 2003 - 2004. Asociación Mexicana de Estudios sobre Canadá, A.C. |
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